Autor Tema: el indio atlacatl verdad o mentira.  (Leído 1431 veces)

Desconectado anthony

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el indio atlacatl verdad o mentira.
« : 03 de June de 2009, 03:55:52 AM »
recuerdo que cuando iba a bachierato el profesor de ciencia sociales nos dijo
que la historia del indio atlacatl fue  una historia inventada por los espanoles.
este mito fue creado para darle alos pipiles una especie de heroe. no me acuerdo cuales fueron las razones con exactitud,
sin embargo el aseguraba que el unico heroe de las tribus antigua fue anastacio aquino....
quizas alguno de ustedes con un nivel mas alto de educacion tenga mas informacion al respecto....

Desconectado the One

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Re: el indio atlacatl verdad o mentira.
« Respuesta #1 : 03 de June de 2009, 01:29:06 PM »
No sabia nada de eso, ya he oido hablar del indio Atlacatl pero no sabia de eso.

Desconectado rb30

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Re: el indio atlacatl verdad o mentira.
« Respuesta #2 : 04 de June de 2009, 04:47:58 AM »
Ei no, yo creo que Atlacatl sí existio.

Pero esta bien interesante el argumento en contra pero no se porque los Ethpañoles les dieron este como estimulo a los indigenas, bien interesante. A mi también me gustaría saber la verdad de este tema.
- GULLIT PARA EL GANE !!!! -


Desconectado Gracejo

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Re: el indio atlacatl verdad o mentira.
« Respuesta #3 : 08 de June de 2009, 12:51:42 PM »
No Atlacatal no existio, es el producto de la mala interpretación y traducción de las palabras atla y tlacatl que juntas significan noble o sea una persona con poder.
El abate Carlos E. Brasseur  hizo una traducción erronea de esa palabra, en su libro el dice que P de Alvarado dio muerte a Atlaclat rey de  Cuzcatlan. Cuando en realidad se hacia referencia que Alvarado habai matado a los nobles, caciques de Cuzcatlan, y no a una persona en particular que llevaba dicho nombre.
Atlaclatl debe de ser visto como un personaje que representa la gallardia y el valor de los indios pipiles que dierón dura resistencia al conquistador español.

Desconectado Tex

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Re: el indio atlacatl verdad o mentira.
« Respuesta #4 : 12 de June de 2009, 01:07:17 AM »
La paradoja nacional fue simple.

Atlacatl y Atonal fueron producto de un error de traducción que sobre el “Memorial de Sololá” o “Memorial de Tecpán-Atitlán”, escrito en cachiquel, hiciera en 1856 el religioso francés Brasseur de Bourbourg. El Memorial recoge las tensiones de los quiché y cachiquel contra nuestros pipiles en alianza con los zutujiles. Los relatos del Memorial coinciden en términos generales con las narraciones que el propio Pedro de Alvarado hace en sus Cartas de Relación a Hernán Cortés.

En el párrafo 150 del Memorial, Brasseur de Bourbourg confunde el nombre Atlacat utilizado para denominar la región actual de Escuintla, Guatemala, donde había entonces un importante asentamiento pipil. Arbitrariament e, el monje francés inventa el de Atlacatl, “hombre de agua”. En otra interpretación posterior, de mal en peor, sustituye Atlacatl por Atonal, “sol de agua”.
Posteriores ediciones del Memorial reiteraron uno u otro error de Brasseur de Bourbourg, pues se mantuvieron fieles a su traducción francesa hasta la traducción directa que del cachiquel hiciera Adrián Recinos al español en 1950. A finales del Siglo XIX, a sabiendas que por las características de la conquista aquí y el grado de civilización escrita de los pipiles los nombres de los líderes indígenas se habían perdido posiblemente para siempre, Atlacatl comenzó a ser presentado como parte indiscutible de la mitología indígena y de la leyenda cuscatleca.

Jorge Lardé y Arthes en su obra de 1925, “Historia de Centroamérica”, llegó al extremo del delirio al inventar la existencia de dos Atlacatl: uno viejo, muerto por Alvarado, otro joven, líder de la resistencia anti-castellana. A Atonal lo convirtieron en el guerrero indígena desconocido que en la batalla de Acajutla hirió gravemente a Alvarado en su pierna, como él mismo lo reconoce en sus cartas a Cortés.

Un artista de aquella generación, Valentín Estrada, que tuvo la oportunidad de estudiar bellas artes en Madrid en los años veinte, forjó allá en 1928 una monumental escultura en bronce de Atlacatl, la cual fue traída al país por gestiones del gobierno español, como lo narra en su biografía un alumno suyo, Armando Solís. La escultura era su propio retrato, le confesó Estrada a Solís, por ello éste tituló la biografía: “Yo, Atlacatl, memorias de un escultor”. La escultura fue instalada antes del genocidio en el Paseo Independencia, entonces la más importante arteria de San Salvador, y luego removida a la Colonia Atlacatl donde aún permanece. La que se localiza en el centro de Antiguo Cuscatlán, posiblemente más conocida que la original, es una copia.