Si estabas embarazada pero por cuestiones inesperadas perdiste a tu bebé, no te deprimas. La mejor forma de enfrentar esto es que adoptes una actitud positiva y optimista con el apoyo espiritual de tu pareja, amigos y familia.
Estás embarazada. Ya tu cuerpo y tu mente se preparan para ser toda una mamá, piensas incluso qué nombre le pondrás si fuese una linda nena o nene. Felicitaciones de la familia y de amigos por todos lados.
A unas semanas de avanzada la gestación empieza a complicarse. Es una amenaza de aborto. Te sometes a evaluaciones, tratamientos y sigues con la esperanza que nada malo va a pasar. Pero, ¿qué pasa cuando asistes a tu control mensual y el médico te notifica que el bebé no ha crecido como se debe? Te realiza una ultrasonografí a y descubre que el corazón del bebé ya no late. No hay nada más que hacer y la inevitable y trágica recomendación del médico es: “Hay que practicarte un legrado”.
Es lo que le pasó a Liliana A. (cuya identificación preferimos obviarla), una mujer que con su testimonio explica cómo sufrió, pero sobre todo de cómo enfrentó de manera positiva el dolor más grande de su vida: dar por perdida esa esperanza de ser madre por primera vez.
“En ese momento me sentí muy mal, me contuve el llanto porque estaba en el consultorio y por mi esposo. Cuando fui a cambiarme después de la ultra no pude contener el llanto, pero traté de calmarme. Cuando salimos del consultorio y ya estábamos en el carro ya no me contuve más y me puse a llorar. En ese momento no quería hablar con nadie, no quería que me dijeran lo siento o que me preguntaran algo sobre lo que dijo el doctor”, evoca ahora Liliana con valentía.
Recuerda también cómo a su esposo le brillaban los ojos, lucía como suspendido en el tiempo, pero no lo expresaba porque en ese momento él creía que lo mejor era estar fuerte para darle ánimos a Liliana.
Casos comunes
Lastimosamente, la pérdida de un bebé es una situación que se da frecuentemente al principio de un embarazo debido a algún defecto genético o infecciones, entre otras causas.
En el caso de Liliana, como el de cualquier otra mujer que pase por esto, es normal que se funda en un estado de ánimo triste por haber perdido a su bebé. Su cuerpo y su mente se estaban preparando para ser mamá y cuesta retomar la vida como antes, como si nada hubiera pasado.
Pero el punto que queremos abordar hoy es cómo no permitir que un embarazo que no termina con éxito te cambie la visión de la vida de manera negativa, trágica o que te frustres pensando en que ya nunca serás madre.
La psicóloga Guadalupe de Zaghini, directora del centro Psicología Integral (STEPS), explica que lo primero es tener claro que estas pérdidas no son culpa tuya, ya que este sentimiento puede dificultar el ajuste a la pérdida y hacer más difícil la situación.
En esta etapa de duelo puede suceder que pienses que todo se dio debido a que hubo ambivalencia acerca del embarazo, algún sentimiento de rechazo que haya pasado por tu mente o autoculparte; o preguntarte si aquel paseo, aquella caminata intensa, aquel vinito que te tomaste cuando no sabías que estabas en estado fue el culpable.
Pensamientos que, según la psicóloga, son natural tenerlos, pero no deben quedarse de una forma permanente. Si no, tienes que buscar ayuda psicológica para que no terminen con tu tranquilidad o fundirte en una eterna depresión y negativismo.