Llamar a los teléfonos que se ofrecen en los mensajes de texto o que se intercambian en los medios radiales puede llevar a la muerte.

“Soy una chica de 17 años sin novio y desesperada que desea conocer a alguien, llamar al 77…”, decía textual el mensaje que aparecía en la parte inferior de la pantalla del programa musical de un canal televisivo de San Miguel.
Josué, de 18 años y estudiante de bachillerato, anotó el teléfono luego de aparecer hasta en cuatro ocasiones y al terminar el programa se arriesgó a llamar. Le contestó una voz adolescente que le pareció sensual.
Ella le contó que tenía seis meses de haber terminado con su ex novio y que le gustaría iniciar un nuevo romance. Físicamente se describió como bonita y con experiencia sexual. Él le habló de las comodidades económicas de su familia y aunque tenía novia también le dijo que estaba sin pareja. Era viernes por la noche y quedaron de verse la tarde del siguiente día en un centro comercial de San Miguel. Ella llegaría de falda corta y él llegaría en un taxi.
Cuando llegó al centro comercial ahí estaba la joven, solo que le pareció mayor de edad. Efectivamente después se supo que tenía 22 años. Se presentaron y entraron al cine como habían quedado. Tras la película ella le sugirió ir a un motel y abordar un taxi que estaba estacionado fuera del centro comercial.
Subieron al taxi e inmediatamente dos jóvenes se acercaron y los encañonaron, se los llevaron hacia la colonia Milagro de la Paz y lo metieron a la cochera de una vivienda. Lo amarraron de los pies y manos y le dijeron que si gritaba lo iban a matar. A la joven no la volvió a ver, pero escuchó cuando ella hablaba desde su celular a los padres del muchacho pidiendo $25 mil por su liberación.
Josué había contado a la joven todo sobre sus padres, por lo que ésta comenzó a decirles que si no le entregaban el dinero iban a matar a su hijo o hacerle daño a los otros niños y a ellos, pues sabían donde trabajaban y muchos datos más.
Los secuestradores dejaron bien claro que si la PNC se enteraba iban a matar a Josué. A través del correo electrónico del joven enviaron una fotografía en la que aparecía Josué vendado y siendo apuntado en la sien con un arma. La desesperación de los padres de Josué los llevó a negociar y a ofrecer $20 mil. Los secuestradores aceptaron.
El dinero fue entregado el martes a un taxista pirata que se encontraba fuera del centro comercial. El mismo en el cual secuestraron a Josué. Cuando los secuestradores recibieron el dinero, decidieron volver a llamar a los padres y a exigirle los otros cinco mil dólares, pues si había podido dar $20 mil podía dar el resto.
El miércoles al mediodía fue el taxista pirata el que llegó a la casa de los padres de Josué a recoger el dinero. Por la noche Josué fue vendado y subido a un vehículo que lo trasladó a las faldas del volcán Chaparrastique
. Ahí fue abandonado. El joven logró llegar a una vivienda desde donde se comunicó con sus padres que llegaron a recogerlo.
Dos meses después la Policía Nacional Civil detuvo a un grupo de pandilleros que se dedicaban a extorsionar a empresarios en San Miguel. Josué reconoció al taxista, a la joven que lo embaucó y a dos de los tres secuestradores
. Contó a sus padres que decidieron contar el caso a un empleado de la Fiscalía que les aconsejó hacer la denuncia formal. Un investigador policial retomó el caso, pero los padres de Josué decidieron no seguir adelante con la denuncia porque uno de los secuestradores no había sido capturado.
Desde el incidente ya pasaron cerca de diez meses. Ahora Josué sigue viendo los programas musicales pero ignora los mensajes de texto. Tuvo suerte de salir vivo.
El caso de Josué no es el único. Recientemente un Juzgado de Sentencia de San Salvador acaba de condenar a un hombre de 19 años acusado de violar a una adolescente de 14 años, con quien se conocieron a través de mensajes de texto.
La menor, capitalina, envió un mensaje a un canal diciendo que quería conocer amigos. Gerardo García Cruz contestó y se conocieron en un centro comercial de San Salvador. Siguieron frecuentándose hasta que con engaños la menor fue llevada a una vivienda de la residencial Altavista en Ilopango, donde fue mantenida privada de su libertad por cinco días, tiempo durante el cual fue violada varias veces.
El violador fue condenado a 14 años de cárcel.
Según un fiscal hay decenas de casos de violaciones sexuales producidas después de intercambiar teléfonos a través de medios de comunicación. Incluso de asesinatos, tal como ocurrió con un estudiante universitario que fue asesinado dentro de una vivienda en San Martín, en 2007. El joven conoció a una mujer a través de mensajes radiales y cuando llegó a visitarla a San Martín fue encerrado y luego asesinado a balazos.
Hace 15 días se conoció el caso de una menor de 17 años que fue encontrada desnuda, luego de haber sido violada, en Ciudad Delgado. La menor no recuerda nada, pues se citó con un amigo desconocido a través de mensajitos. El amigo la llevó a tomarse un jugó y luego no recuerda nada. Cuando despertó estaba desorientada, desnuda y violada.
El abogado Carlos Martínez sostiene que estos casos ocurren por la tolerancia del Ministerio de Gobernación que a través de la Dirección de Espectáculos Públicos no hace nada por prohibir este tipo de mensajes.
En el interior del país casi todos los canales de televisión tiene servicio de mensajería abierta, así como algunos canales de alcance nacional. Las radios se prestan a este tipo de mensajes y en algunos medios impresos todavía se publican teléfonos de personas ofreciendo servicios sexuales.
Martínez, que recién en enero sirvió como querellante de un caso de violación sexual de una niña que conoció a su agresor a través de este tipo de intercambio de teléfonos, cree que en la mayoría de los casos, los mensajes que se transmiten son obras de pandilleros y secuestradores
. “Mi consejo a los jóvenes, especialmente, es que no intercambien este tipo de mensajes, porque sus vidas corren peligro”, dijo.
Otro fiscal señala que cuando se ha cometido un delito en el que se relaciona un mensaje telefónico, los involucrados (víctimas) son menores de edad o jóvenes que no sobrepasan los 25 años.
Por eso la próxima vez que vez un mensaje que diga “soy una joven deseosa de una relación de pareja” ni dude que quien lo envió puede ser un potencial violador, un secuestrador o un asesino.